Don’t be evil: quince años de Google

Google cumple quince años

Ya casi no nos acordamos de lo que era esto antes de Google. Los buscadores, como Yahoo, Lycos o Excite, eran meras páginas amarillas, un directorio de contenidos en el que se organizaba la información por categorías. El Google de los 90 fue Altavista, nacido en 1995, que albergaba unos veinte millones de páginas indexadas.

Resulta curioso recordar ahora cómo eran aquellos buscadores primigenios. Gracias a la página web The Internet Archive (WayBackMachine) podemos echar la vista atrás y reírnos un poco de los esfuerzos que hacían por sobrecargar de contenidos la página inicial.

Fue entonces cuando, en septiembre de 1998, Serguéi Brin y Larry Page lo revolucionaron todo. Un buscador de diseño simplista, con el logo de la compañía y una caja para buscar que devolvía los resultados, millones de páginas, en la décima parte del tiempo que todos sus competidores. Todos huimos de Altavista -que tenía su encanto, lástima que haya tenido que cerrar este mismo año- y nos instalamos en la gran G.

Luego llegaron Google Groups, Google News, Maps, Google Earth, Blogger, Gmail, Gtalk. Google Docs, Google Reader la compra de Youtube, Chrome, Picasa, el aterrizaje de Android, Google Translate, Google+, Google Drive, y así hasta una veintena de productos -algunos ya difuntos, como mi querido Google Reader, otros por llegar como Project Glass- que han hecho que la empresa de Mountain View se posicione como la mayor empresa de información del mundo.

Hoy se celebran quince años de su aparición y, por este motivo, en el programa de Onda Cero Julia en la Onda le han dedicado una de sus secciones más populares, El Gabinete. Si bien me declaro ferviente admirador del programa -el único que ha conseguido aliviar mi dolor por la retirada de Asuntos Propios de RNE-, mientras escuchaba la tertulia no podía parar de pensar en lo simplista y superficial que estaba resultando. En la mayoría de opiniones -sobre todo la de una desacertada Lucía Etxebarría- se trataba a Google sólo como un buscador, demonizando su uso porque se priorizan las búsquedas pagadas y aquellos resultados más buscados, ofreciendo como alternativa… Bing o Ubuntu (sic).

Es una pena, porque bien podrían haberse tratado otros temas mucho más interesantes: la revolución que ha supuesto Google en la manera en la que entendemos la información, la democratización de los contenidos, el auge del vídeo bajo demanda, la compartición de la información, la privacidad, la desaparición de las barreras idiomáticas, el cambio de filosofía en la que tú eres el producto en lugar de venderte uno… una oportunidad perdida, la verdad.

Tratar a Google de un mal buscador porque no discierne entre noticias falsas y ciertas, como han dicho en el programa, es como culpar a una biblioteca por tener novelas de dudosa calidad. La gran revolución que ha supuesto Google es precisamente la de proporcionar una ingente cantidad de información que, como enseñan en cualquier clase de primero de periodismo, ha de convertirse en conocimiento a través de la experiencia del usuario. Por mucho que Google posicione en los primeros resultados una búsqueda falsa porque ha tenido muchas visitas, debemos ser nosotros los que discernamos la veracidad de la noticia, comparando entre diversas fuentes y obteniendo nuestra verdad -porque normalmente no hay sólo una respuesta acertada-.

Está claro que hay buscadores más específicos, y que si me dedico a la abogacía será mejor que utilice otras fuentes -como Noticias Jurídicas– para encontrar leyes, pero es que ése no es el fin de Google, un buscador generalista que resulta un gran punto de partida para bucear entre la infinita información de la red.

Google comenzó a utilizar desde sus inicios el eslogan informal Don’t be evil para referirse al uso no malicioso que harían de la información y para enfrentarse a las prácticas monopolísticas que Microsoft hacía por aquella época. Y durante algún tiempo, todos nos lo creíamos. Los resultados que queríamos en las búsquedas pasaron de la tercera página de resultados a estar entre los cinco primeros, y su servicio de correo nos permitía mantener en la bandeja de entrada todos los correos sin borrar ninguno, buscando dentro de su contenido.

Pronto, gracias a Google AdWords, su sistema de publicidad posicionada, empezamos a ver en otras webs anuncios que tenían que ver con aquéllo que habíamos buscado, y en un lateral de su cliente de correo empezaron a aparecer productos relacionados con el asunto del correo. Con el tiempo, con el auge de la Web 2.0 y el contenido social, se empezaron a posicionar en los primeros resultados los que nuestros contactos y seguidores consideraban más interesantes, y con Android y el buscador omnipresente geolocalizado, Google supo dónde estaba nuestra casa y nuestro trabajo, o dónde vivían nuestros conocidos.

Google Evil?

Resulta curioso plantearse un juego que escuché en una conferencia hace un par de años: si dos usuarios, un periodista y un viajero, buscan en Google la palabra Egipto, al primero le aparecerán noticias relacionadas con la política o el estado social de la ya extinta primavera árabe, mientras que al segundo le aparecerá información turística sobre los lugares a visitar, pero nada sobre los conflictos. Google nos ofrece lo que él considera que es relevante para nosotros, y es ahí donde entra nuestro juicio crítico para salirnos del camino marcado y saber ver más allá. En el 90% de las veces nos ofrecerá el resultado que buscamos, pero tenemos que ser conscientes de que en el proceso estamos perdiendo información.

El cambio de filosofía que ha marcado Google con sus servicios es también remarcable: hasta su aparición, en la mayoría de los casos el usuario pagaba por un producto, mientras que ahora el producto es el usuario. Todos los productos de Google, al menos para el usuario final y en la capa básica, son gratuitos, por lo que durante mucho tiempo nos hemos preguntado de dónde sacaba la empresa sus ingresos.  La publicidad contextual y la información sobre el usuario son armas valiosas en la sociedad de consumo, y en ese campo no hay nadie mejor que Google, para bien o para mal.

Siempre he pensado que si los servicios eran lo suficientemente buenos, si me ayudaban en mi día a día, no me importaría ceder esa parte de privacidad para poder disfrutar de los mismos. La identidad digital debe formarse, y saber qué compartimos y con quién, por lo que sí debemos tener en cuenta lo que hacemos en Internet y a través de qué servicios.

Olvidar el navegador GPS en casa porque ya lo tengo en el móvil permanentemente actualizado, editar mis documentos en cualquier momento y lugar con Google Docs dejando atrás el Office o ver películas y vídeos bajo demanda en Youtube son sólo algunas de esas pequeñas cosas que hacemos todos los días y que parece que siempre han estado ahí.

En los últimos tiempos, y gracias a la tecnología Google Prediction API, Google se ha sacado de la manga Knowledge Search, su enésima revolución, que permite obtener resultados concretos a través de lenguaje natural y que nos recomienda lugares, búsquedas relacionadas o resuelve operaciones matemáticas. Sin duda es el futuro, y en breve tendremos búsquedas mucho más visuales y precisas preguntando exactamente lo que queremos.

Otro de los productos asombrosos de Google es Google Translate y su tecnología de reconocimiento y síntesis de voz, que permitirá, presagio que no en muchos años, que Ana Botella pueda hacer su discurso para Madrid 2032 en un perfecto castellano y que sea traducido en tiempo real al inglés con una voz sintética que suene natural. Estudiar inglés, en breve, no será vital para comunicarnos.

A pesar de que Google ha tomado algunas decisiones erráticas en los últimos dos años y se está aproximando al monopolismo que criticaba hace no mucho, yo he de decir que sigo usando, y muy a gusto además, Google, Gmail, Hangouts, Maps, Drive, Youtube, Picasa, Google Docs y otros tantos servicios de Google, por no hablar del sistema operativo para móviles Android. Si aceptamos las reglas del juego -y ese Don’t Be Evil que se está perdiendo con el tiempo- no hay nadie mejor que Google haciendo algunas cosas en Internet. Y sólo por eso hay que felicitarles por estos quince años. Y los que están por venir.

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Frecuencia feminista: el papel de la mujer en la cultura pop

Siempre me ha producido rechazo la connotación que muchas veces se da en la sociedad actual a la palabra feminismo, entendido casi como un hembrismo que ve a los hombres como enemigos de las mujeres. Por eso se agradecen tanto propuestas como Feminist Frequency: Conversations with Pop Culture, una webserie creada hace 3 años por Anita Sarkeesian que analiza el papel de la mujer en las distintas facetas de la cultura pop: cine, televisión, música, videojuegos o anuncios.

Feminist Frequency

Si examinamos algunos de los productos supuestamente más valorados por la mujer actual nos encontramos con películas como Pretty Woman o libros como Cincuenta Sombras de Grey. Me sorprende bastante que éste sea el tipo de historia que seduzca a las mujeres, porque no refleja más que la posición dominante del hombre poderoso y adinerado -y bastante engreído, en el caso de las sombras- sobre la mujer que espera ser salvada, ya sea en su cuento de princesas prostitutas o en el descubrimiento sumiso del sexo desatado. Y por eso es tan necesaria una serie como Feminist Frecuency.

A través de unos entretenidos vídeos con multitud de ejemplos, la serie nos hace reflexionar sobre la presencia de la mujer en productos que consumimos continuamente. Gracias a esta serie, por ejemplo, he descubierto el Test de Bechdel, y me he sorprendido comprobando si mis películas favoritas lo cumplían. Este test, que apareció por primera vez en el cómic Dykes to Watch Out For (Unas Bollos de Cuidado) en 1985, es un sistema para comprobar la brecha de género que existe en las películas, y se compone de tres reglas muy simples:

  1. En la película tiene que haber al menos dos personajes femeninos con nombre.
  2. En algún momento de la película dichos personajes han de hablarse entre ellos.
  3. La conversación no puede ser sobre una figura masculina

A simple vista debería ser fácil, ¿verdad? En más de 90 minutos que dura una película, que dos personajes femeninos con nombre se intercambien una frase que no sea sobre un hombre, que les dé vida propia al margen de los hombres. De hecho, si lo pensamos al revés, prácticamente la totalidad de las películas tienen a dos personajes masculinos que hablan entre ellos de algo diferente a una mujer. Pues bien… merece la pena ver el vídeo de Feminist Frequency:

[youtube http://youtu.be/bLF6sAAMb4s]

Obviamente, una película que no cumpla el test de Bechdel puede ser aún un gran producto, así como una película que lo pase puede ser completamente misógina, pero creo que con que active nuestro espíritu crítico ya habrá conseguido su propósito.

Una de mis secciones favoritas de la serie (Tropes vs Women) analiza los distintos roles de los personajes femeninos en las películas. Si pienso en algunas de las películas que más me han marcado, como Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Garden State, Almost Famous, Lost in Translation Chasing Amy, encuentro grandes similitudes en la manera en que el personaje principal femenino está representado. Son las Manic Pixie Dream Girls (hace un tiempo recopilé en una lista aquellas que más me habían gustado), personajes radiantes y caóticos presentes para cambiar la vida del protagonista, normalmente un solitario treinteañero algo perdido que precisa de un detonante que dé sentido a su vida. Como siempre, este análisis no desprecia la calidad de las películas -de hecho éste tipo de cine es de los que más me gustan, quizá porque caigo en el error de pensar que yo también necesito una MPDG que guíe mis pasos-, pero resulta interesante para cambiar el rol que aceptamos como normal en los papeles femeninos de las películas.

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=uqJUxqkcnKA&feature=share&list=PLBBDFEC9F5893C4AF]

La Manic Pixie Dream Girl es sólo uno de esos tópicos que Anita analiza en la serie. Hay hasta seis, y recomiendo especialmente el de El Principio de la Pitufinaque refleja aquellas películas en las que aparece una sola mujer como parte de un grupo mucho más extenso de hombres (léanse The Princess Bride Inception, por hablar de dos grandes películas que caen en este patrón).

Recientemente, Feminist Frequency ha realizado un proceso de recolección de fondos por KickStarter para realizar otra sección analizando el papel de la mujer en los videojuegos, generalmente expuesta como una princesa en apuros, inútil para valerse por sí misma, a la espera de que el fontanero o el guerrero de turno la rescaten.

[youtube http://youtu.be/X6p5AZp7r_Q]

En su página web, además, Anita realiza actualizaciones al margen de los vídeos y recopila recursos similares en otros blogs, novelas o ensayos. Sin duda, una referencia imprescindible para hombres y mujeres, una guía sobre nuestra cultura que deberíamos examinar para alimentar nuestro espíritu crítico.

¿Y tú? ¿Qué piensas acerca del papel representado por las mujeres en las obras artísticas? ¿Te sientes reflejada con esa imagen? Recuerda que además de los comentarios tienes las páginas las páginas de Facebook o Google+.

Nota: Los vídeos pueden subtitularse en español con el icono cc del vídeo de Youtube.

Blogroll: El Hematocrítico del Arte

En un día gris de recortes inhumanos hace falta reírse de algo. A mandíbula batiente, sin escrúpulos. Tienen que oírnos.

Y para eso nada mejor que una recomendación arrítmica: El Hematocrítico del Arte.

Con un toque irónico realmente genial, el Hematocrítico se dedica en su Tumblr a renombrar obras ilustres del Arte con aquello que todos pensamos al ver el cuadro, pero ninguno nos atrevemos a decir. Para muestra, un botón: 

 Cristo bendiciendo un librito de papel de fumar “ (La santísima fumatta) Antonnello Da Messina

Cristo bendiciendo un librito de papel de fumar
(La santísima fumatta)
Antonnello Da Messina

 El autor del concepto tróspido acaba de sacar un libro con lo mejor de sus recreaciones –El Hematocrítico de Arte (La recopilazioni della stupideci de Interneti)– con 96 páginas de hilarante ingenio artístico. Puedes echarle un ojo en la web de ¡Caramba! 

Si una Historiadora del Arte -algo arrítmica, eso sí- fue la que me lo descubrió a mí, por algo será. Además, puedes seguir al Hematocrítico en Twitter, donde desgrana la actualidad con un toque de humor pasado de rosca que particularmente me encanta. Y, si lo tuyo es el cine, Cinemanía tiene una seeción igualmente interesante: El Hematocrítico de Cine, que ya ha dejado para los anales reflexiones tan geniales como la de King Kong:

¿Cómo es posible que un empresario que presume de tener visión comercial para el espectáculo, llegue a una isla donde hay un ecosistema entero de dinosaurios y al tío lo que le llama la atención es un mono? Vale que es un mono grande. Pero si vas a montar un espectáculo, igual la gente lo flipaba más si anuncias que van a ver un Tiranosaurio Rex. Vamos, digo yo.

– Eh, tíos, habéis visto el triceratops que hay aquí atrás que…

– SSSSh… Calla , hombre. ¿Que no estás viendo eso de ahí adelante?

– ¿Dices el gorila grande?

– ¿Grande? ¡Si es enorme!

– Ya, pero es que un tricerátops…

– ¡Un gorilón!

Y si no te he convencido aún puedes descargar un avance en PDF del libro, reírte en su Tumblr y unirte de una vez por todas al clan tróspido del Hematocrítico.

 [vimeo 42139821]

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